LA DESCARGA

El teléfono, portador de mí a través de los kilómetros en el pulso (telefónico), acortador de distancias y demoledor de años de ausencia, me mira y me dicta la rutina: agarrarle y marcar a tarjetazos el número nuevo, esperar un par de tonos y saludar como si nada, darse cuenta de que no habìa nada que decir...
Suena tonto, pero me ha hecho mucho bien hablar tanto diciendo nada con vos. Gracias.

Comentarios

Anónimo dijo…
Y yo todavia ingenuamente estoy esperando tu llamada. Ya sabes quien soy!
Anónimo dijo…
no, a decir verdad, no tengo ni idea de quién eres
Anónimo dijo…
=)
lo mismo acá...
Anónimo dijo…
que mal que estamos en comunicacion entonces...quita

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