SOMBRA

Cerquita del nirvana, me levanto, me ducho, vengo a hacer correo. En unas horas iré a almorzar y luego al trabajo, otra vez. Cuando termine el día, habré, además, adelantado en algunos proyectos académicos de todos los días y me acostaré orgulloso de no haber cruzado más de dos palabras con nadie.
Soy un antipático y nadie se escapa de mi ira y mi "antisocialidad". Un vándalo, un proscrito del hedonismo festecumbero de la inconsciencia popular, ese soy yo.
Aunque a veces este don de la prescindencia total me agobia y me pesa en las narices, hoy me sirve de algodón y hospital y gasa y todas las demás redundancias. Esta bien que esté así, sin ti, sin ellos, sin nada.
Y el por qué no importa demasiado.

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