aquiles

El hombre se puso de pie después de un largo período de autocompasión. Los demás hombres, a su alrededor, se apuraron a ofrecerle las manos a modo de bastones. Era de noche y el hombre estaba cansado de haber vivido larga y tendidamente a la sombra de días largos frente a un mundo protegido siempre por un cristal empañado.
Ahi se le alargó la cara hasta el cuello, empalideció y sudó quemando su camisa de dormir. Le dolía el pecho y la espalda. Los demás hombres, a su alrededor, pasaban las manos de los bolsillos a los codos. Ver al hombre ponerse de pie tan de ppie como se puso después de su letargo de calma y sopor fue impresionante y hubo quien admitio que no atinaron a hacer nada. El hombre, que hasta ahi había sido el nene, se puso de pie, intentó caminar, se detuvo al borde del abismo infinito que representaba el próximo paso y se quedo sostenido por esa posicion viril de los admiradores de John Wayne. Sudando y respirando fuertemente extendió los brazos hacia los costados como esperando el momento en que tuviese que desenfundar sendos revólveres a sus costados. Llegó incluso a mover los dedos como en el trance profundo de quien palpa por última vez un gatillo. No volvería, quizá, a empuñar arma alguna en su vida, y ahi, semidesnudo, saboreó toda la inmensidad de estar de pie por última vez. Bufando y chorreando se apoyó en el hombro de otro hombre que quedaba debajo de su corta estatura. Se había ido John Wayne y había quedado un hombre sin fuerza en las pierna y otros hombres tratando de preveer su último paso a su vez que llamaban por teléfono.
De aqui en adelante sería picotillo para las hienas o los buitres o el escalpelo y el hombre, que lo sabía ya no parecía temeroso cuando, sin soltar a quien lo ayudó a sentarse pregunto: falta mucha para que lleguen?

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